Enrrollaba en su íncide derecho un mechón de pelo, y de a ratos acomodaba sus lentes.
Tocó timbre, quién hubiera dicho...
- Hola, ¿Que querés?
- Qué me dejes pasar, ya es hora.
- Mirá, Guillermo... Ahora... Bueno, yo ahora no puedo dejarte pasar.
- ¿Por qué? ¿Pasa algo?
- Estemmm... No, nada en especial, solo que... Mmmbueno, pensé que habíamos quedado en otra cosa...
- Fui claro: a las cinco pasaba a buscar lo que me quedó.
Si no fuera Guillermo, probablemente sería una situación fácil de sobrellevar. Pero no, es Guillermo. Con su cara, y su ropa y su pelo todo sucio. Es Guillermo, y la está dejando. La está dejando del todo.
- Valentina, dejame pasar por favor...
No reacciona, o no quiere reaccionar. Se va a llevar sus cosas, y si esta es la última vez... No quiere que sea la última vez.
- Pasá, te preparo un café.
Llenó la pava.
Cuidadosamente llenó con agua la pava mientras pensaba qué podía hacer para revertir la situación.
Guillermo apurado, metía en una caja uno a uno los libros que había en la biblioteca del living. Valentina escuchaba desde la cocina, mientras trataba de que sus nervios no se disparen demasiado. Batió el café hasta casi gastar la cucharita, sacó la pava del fuego. Mientras el agua caía hacia la taza, que esperaba ansiosa con su boca abierta cada mililitro de líquido, cerró los ojos.
Se inundó la cocina, luego el comedor, el living.
El agua no dejaba de caér.
Se inundó su cuarto, su cama.
Abrió los ojos. Guillermo la miraba, estupefacto.
Estupefacto y muerto.
Si no fuera Guillermo, probablemente sería una situación fácil de sobrellevar. Pero no, es Guillermo. Con su cara, y su ropa y su pelo todo sucio. Es Guillermo, y la está dejando. La está dejando del todo.
- Valentina, dejame pasar por favor...
No reacciona, o no quiere reaccionar. Se va a llevar sus cosas, y si esta es la última vez... No quiere que sea la última vez.
- Pasá, te preparo un café.
Llenó la pava.
Cuidadosamente llenó con agua la pava mientras pensaba qué podía hacer para revertir la situación.
Guillermo apurado, metía en una caja uno a uno los libros que había en la biblioteca del living. Valentina escuchaba desde la cocina, mientras trataba de que sus nervios no se disparen demasiado. Batió el café hasta casi gastar la cucharita, sacó la pava del fuego. Mientras el agua caía hacia la taza, que esperaba ansiosa con su boca abierta cada mililitro de líquido, cerró los ojos.
Se inundó la cocina, luego el comedor, el living.
El agua no dejaba de caér.
Se inundó su cuarto, su cama.
Abrió los ojos. Guillermo la miraba, estupefacto.
Estupefacto y muerto.


Me encantó, no sabía que hacías esto. Es decir, hace mil años que no paso por tu perfil.
ResponderSuprimiri like it, so much: the finalwave: flash.
ResponderSuprimiralojaaaaaaaaa