lunes, 14 de febrero de 2011

Premeditada.

   Era la mañana de un día de octubre, mientras leía la Historia Oficial de las Curitas.
   Enrrollaba en su íncide derecho un mechón de pelo, y de a ratos acomodaba sus lentes.
   Tocó timbre, quién hubiera dicho... 
   - Hola, ¿Que querés?
   - Qué me dejes pasar, ya es hora.
   - Mirá, Guillermo... Ahora... Bueno, yo ahora no puedo dejarte pasar.
   - ¿Por qué? ¿Pasa algo?
   - Estemmm... No, nada en especial, solo que... Mmmbueno, pensé que habíamos quedado en otra cosa...
   - Fui claro: a las cinco pasaba a buscar lo que me quedó.
   Si no fuera Guillermo, probablemente sería una situación fácil de sobrellevar. Pero no, es Guillermo. Con su cara, y su ropa y su pelo todo sucio. Es Guillermo, y la está dejando. La está dejando del todo.
   - Valentina, dejame pasar por favor...
   No reacciona, o no quiere reaccionar. Se va a llevar sus cosas, y si esta es la última vez... No quiere que sea la última vez.
   - Pasá, te preparo un café.
   Llenó la pava.
   Cuidadosamente llenó con agua la pava mientras pensaba qué podía hacer para revertir la situación.
   Guillermo apurado, metía en una caja uno a uno los libros que había en la biblioteca del living. Valentina escuchaba desde la cocina, mientras trataba de que sus nervios no se disparen demasiado. Batió el café hasta casi gastar la cucharita, sacó la pava del fuego. Mientras el agua caía hacia la taza, que esperaba ansiosa con su boca abierta cada mililitro de líquido, cerró los ojos.
   Se inundó la cocina, luego el comedor, el living.
   El agua no dejaba de caér.
   Se inundó su cuarto, su cama.
   Abrió los ojos. Guillermo la miraba, estupefacto.
   Estupefacto y muerto.

domingo, 23 de mayo de 2010

La Puta Virgen.


- ¿Qué vas a hacer, Juan Pablo?
- Tengo que matarte, María. Me has dejado solo.*

  Se sienta a hacer pis mientras se lava los dientes, y trata de memorizar los teléfonos de sus clientes. Después se saca la bombacha, se pone un pantalón ajustado y se va a trabajar.
  ¿Cómo estás? Hacía mucho que no te encontraba por acá... Igual, sabía que en algún momento ibas a volver. Te queda muy bien eso que te hiciste en el pelo, me gustaría ver tu ombligo otra vez.
  Mientras abre la boca, piensa que podrá cocinar cuando llegue a casa. Al principio le costaba esquivar esas situaciones laborales, pero con el tiempo se acostumbró.
  Pensé que tal vez habrías tenido hijos, te habrías casado... Cuando íbamos al secundario te pensaba de esa manera... Una mujer de caderas postparto, con marido y cocina limpia, con niños gritando mamá, tal vez en una propaganda de cera para pisos... ¿Por qué estás así vestida?
  Que ilusos todos... Le creen cada grito, cada gemido, cada falso gesto de placer. Ilusos todos, menos él... Que la conoce desde antes del maquillaje y las tangas. Él, que la ve simple, hermosa, con ojos de pibito en la República del Caramelo.
- Sos una puta, María... Y por eso, te voy a tener que matar.

* 'El Túnel', Ernesto Sábato.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Réincarnation.

  Se iba y venía, tenía algo así como miedo de que le crezcan raíces en los pies, de quedarse pegado al piso. Las raíces no son lo último, son lo primero, lo sabía y no le importaba, porque la lógica solía dejarla por ahí tirada cuando salía de su casa.
  Llegamos. Las paredes ahora estaban blancas, pero como las cosas nunca salen como queremos, la pintura era débil y se escapaban algunas siluetas de esos viejos dibujos, algunas letras, pero nada claro... Yo recordaba todo a cada paso que daba. No me dejaban hablar, parece que nadie sabía que estabamos ahí, o al menos, que nadie tenía que saberlo.
  Nos acercamos a una puerta. Atrás, un caballete con mi carpeta. Eso es mío. No. Eso era mío. ¿Qué hace ahí? ¿Por qué todo sigue siendo torturante? Parece que estos que vinieron conmigo no saben que yo soy yo. Que conozco este lugar, que esa es mi carpeta... Pintada de blanco débil, igual que las paredes. Como tratando de ocultarlo todo, ¿será para que yo no lo vea? No creo, ellos no saben que yo soy yo.
  En los pasillos sigue dando vueltas, esperando alguna noticia. De vez en cuando pasa alguna enfermera, algún médico. Los ojos se le llenan de ansiedad, las uñas lloran mientras él las descuartiza...
  Seguimos caminando despacio, sin hacer ruido, llegamos hasta la ventana. Me asomo, pero evito poner las manos en el marco. Está todo lleno de vidrios rotos, y abajo... abajo ya no hay nada. El patio no está, el suelo, el pasto, los gatos y las bolsas de basura. La cubierta de camión que juntaba agua...
  Hay vacío, y 30 metros, que nos separan de nuestros cadáveres sangrantes en el asfalto.
  1.36 am, "- Lo felicito, tiene un hermoso hijocaracol."
  Sus uñas descansan en paz.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ballenas asesinas.

  Generalmente antes de salir, me pongo zapatillas. Ese día me puse zapatitos. Zapatitos de tela con un botón, redondos, naranjas. Zapatitos de primavera, o de día de invierno con sol entre nubes.
  Llegué y estaban todos esperando, uno al lado del otro, con los pies apoyados en el pasto, casi suspendidos, apenas un par de ojitas se colaban entre sus dedos. Decenas de niños-lagarto, diciendo mentiras y correteando en ese patio.
  Me sorprendió haberte encontrado ahí, nadie te había invitado. Me sorprendió tanto como el final de 'carta a una señorita en parís', me sorprendió verte colgando de ese árbol, con los ojos abiertos y los cachetes violetas, entre decenas de niños-lagartos que comían pan dulce quemado.

lunes, 3 de agosto de 2009

Before.

  Me había bañado porque me daban ganas de llorar. Llorar siempre fue más fácil en la bañera, porque me mojo la cara y ya no hay llanto, no hay lágrimas, es solo agua y cuerpo. Y la cara sigue húmeda, y no me da vergüenza que los ojos se me hinchen un poquito. Salí, y me acosté en la cama, puse las manos abajo de la almohada mientras los pulmones se llenaban de agua. Traté de nadar para el lado de la costa, pero no pude. Había gente, había comida, sombrillas y vendedores de helado. Cada vez que levantaba un brazo, respiraba aunque ya no podía hacerlo bien. Abrí los ojos y tenía tos. En la mesa de luz dejé un caramelo de miel que me dieron de vuelto cuando volvía para casa. Respiro y otra vez me hundo, trato de nadar pero no puedo. Siempre preferí el agua a mi ambiente natural. Apretar las rodillas contra el pecho, te suspendés por debajo de la superficie y por un momento, dejás de existir para ser solo algoquenorespira que está debajodelambientehumano. Pero ahora... ahora me hundo de verdad, dejo de exsistir de verdad. Abro los ojos otra vez, no puede ser que siempre pase lo mismo. Hasta las seis de la mañana entre un mar con una playa, y las sábanas que se desacomodan y los pies que quedan al aire.

miércoles, 29 de julio de 2009

Abedediario.

  Toda mi vida odié la sopa de letras. Verlas ahí flotando, escribiendo cosas con una facilidad envidiable, y olvidándose de lo que dicen en tan solo segundos...
  No sé, me hacían enojar, la sopa me daba asco, las verduras tratando de mezclarse, era una escena bastante complicada.
  Un día te invité a comer, y me dijiste que cocine sopa de letras. Fue lo peor que me podrías haber dicho. Cuando llegaste, el plato estaba ahí, arriba de la mesa. Vapor de propaganda, galletitas, servilleta y mantel a cuadros. Te metiste la cuchara en la boca, y me miraste raro.
  Después dijeron que te había envenenado... Pero no fue así...
  Me parece que las letras de mi nombre se te trabaron en la garganta.